Tako – 30 Pasos Por “El Chayi”

Origen: Tako – 30 Pasos

Como un martillo pilón, como un metrónomo que no falta a su cita con el siguiente ciclo. La formación aragonesa Tako cumple 30 años en el rocanrol y lo celebran de la única forma que saben, trabajando, componiendo, ofreciendo una nueva entrega de su sonido que rezuma honestidad y calidad inconfundible e indiscutible. Tako, desde Ejea de los Caballeros, es uno de los ‘patitos feos’ de nuestro rock. Nadie quiere serlo, pero ellos han aprendido a vivir en el lado menos popular, pero más agradecido. Este 30 Pasos es su decimoséptimo trabajo discográfico… Ahí queda eso aunque los grandes festivales se empeñen en silenciarlos. Un reducto de buen gusto contra modas y cualquier tipo de corrupción en sus creencias. Mariano Gil “Rones” a la nostálgica y entera voz y guitarra, el inagotable Nacho Jiménez a los teclados, súper “Teto Viejo” (ahora también en Uróboros) en la batería, Fernando Mainer, posiblemente, uno de los mejores bajistas del país (en los últimos años también en Mägo de Oz) e Iñigo Zubizarreta, también en guitarra, componen el quinteto, que dan un paso más en su leyenda.

Con Daniel Alcover de nuevo a los mandos, todo un todoterreno reputado en el rock patrio (Dover, La Cabra Mecánica, Depedro, Sugarless, Vacazul, Super Skunk, Habeas Corpus, Héroes del Silencio, Sex Museum, Corizonas… y un largo etcétera), Tako ha mascullado la nueva entrega, sin prisa pero sin pausa, en casa. Después de una gira multitudinaria y exitosa junto a Los Suaves y La Fuga, en la que abrían con cuarenta minutos de rock que conquistaban a quienes aún no los conocían, Las Campanas De La Vergüenza fue su siguiente disco que, quizá contagiado por aquellas citas, se caracterizaba por unas letras demasiado directas y una velocidad que quizá no les dejaba brillar su esencia más propia.

En 30 Pasos hay algo de vuelta atrás. Sin abandonar algún trallazo veloz, los medios tiempos ganan peso, así como una densidad mayor en los textos. No estamos ante un rock-poeta, pero sí ante textos elaborados y con la dosis justa de enjundia. ‘El Barro Terco’ apunta alto con una melodía vocal en el fraseo adictiva, marca de la casa, al contrario de lo que suele ser habitual, el estribillo se hace más potente en la batería y estruendoso en las guitarras con versos enlazados con habilidad abrumadora. Un pelotazo certero en menos de tres minutos y con un gran solo incluido. En ‘El Cabo del Querer’ encontramos ese tipo de canción al que hacía referencia, donde la voz de Mariano brilla y ya obtiene un poso de veteranía que le da un encanto especial para quienes crecimos escuchando los inicios. Aires de gran canción, ligero toque polvoriento en la guitarra rítmica del estribillo y sutiles aportes de teclados a lo largo de la canción la hacen grande.

‘El Ángel Rebelde’ es otro corte veloz, con ese personaje decadente sin impostura, “el ángel rebelde, la posibilidad, el cielo arruinado siempre tan lejos, maldito equilibrio, el miedo en los azulejos”. Nuevo riff y solo con tintes desérticos. En ‘Las Lágrimas De La Fortuna’ llega la gran balada del álbum. Destaca por la épica de los teclados de Nacho Jiménez y un estribillo luminoso. De nuevo un homenaje a los ángeles perdedores. También protagoniza uno de los cortes el trepa de turno en ‘El Empleado Del Mes’, un tema que sería más prescindible si no fuera por el original toque festivo de teclados y de guitarras en la dos estrofas previas al estribillo.

La segunda parte del disco arranca con la melancólica y críptica ‘Las Tres Estaciones’, con un gran riff de arranque y una gran línea de bajo para el estribillo más atemperado y cuyo texto demuestra la calidad compositiva de la banda: “el sol de un mal invierno se desliza por las cristaleras de unos ojos sin querer, como si el otoño perezoso se negara a dar un ‘hasta pronto, cuídate’ y hay quien envuelve el entusiasmo con las fotos de un verano que creyó tener”. De las más destacadas y sin duda al nivel de los grandes referentes de la discografía de la banda (pasen por #Mis10de Tako). En ‘Matasueños’ se lleva un palo manifiesto ‘la industria’ musical, asentada en las formas musicales más desencantadas y crudas de la lista.

En ‘Hombre Al Agua’ se acentúa aún más la querencia sureña y desértica apuntada en otros cortes de la primera parte. La batería refuerza la sensación de abandono que transmite el corte: “sálvame capitán, se me cansan las brazos, dame alguna razón para querer flotar”. Querencia acústica notable, pese a la electrificación con slide, de ‘Sin Nacer y Sin Morir’, otro de los medios tiempos del disco. Para cerrar, un recuerdo a la tierra con ‘Suessetania’, un canto a la tierra desde la historia, usando el nombre de las poblaciones prerromanas del interior de Aragón.

Tako levanta el pie para cantar al desencanto y desde aquí lo celebramos.

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