El lado oscuro de la luna “Crónica del concierto en Zaragoza”

La banda ejeana tomó el testigo para subir al escenario del Espacio Z a hacer lo de siempre. A dejarse la piel como llevan haciendo los últimos 29 años: con una energía inusitada, repartiendo leña con cada nota y con cada gesto.

Con el bajista Peri Díaz reclutado para la ocasión (Fer Mainer y su eterna sonrisa estuvieron justo una semana antes en el mismo escenario con MÄGO DE OZ lee nuestra crónica-, pero lamentablemente no pudo hacer doblete), los infalibles TAKO salieron a su escenario de Interpeñas con Ruedas de ratón, que empalmaron con Con Dios y con el Diablo. Continuaron con el clásico Ayer, hoy, por siempre, que certificaba, para alegría de sus fans, que a los de las Cinco Villas no se les acaban las pilas.

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El concierto fue discurriendo por los cauces habituales: Rock sin concesiones, contundente y bien hecho. Son una de las pocas bandas que por muchas veces que la veas, nunca hacen lo mismo (bueno, sí: que nunca sales descontento). Siempre le dan matices a sus canciones para que, aunque parezcan lo mismo, no lo sea. Es una vuelta de tuerca que los dota de originalidad, pero que sobre todo provoca que sus fans, después de sonar la última nota del tema final, ya están esperando a que llegue la próxima fecha de TAKO, para volver a pasarlo bien y seguir gozando con su música. Los de Mariano Gil Rones tienen muy buenos discos, pero es en directo donde demuestran esa conexión especial con el público, y por qué la gente los quiere tanto.

 

 

 

Una a una fueron cayendo sus mejores canciones, haciendo un repaso a casi toda su discografía, especialmente la más reciente, y en la que destacó especialmente la colaboración del guitarrista ejeano Roberto Flores Floppo (ULTRANIU, EL SILENCIO DE LOS HÉROES, ex PLÁSTICO) en varias de ellas. Para Mi viejo resina, el espectáculo de siempre y del que nunca te cansas (lo de Nacho lo deberíais de cobrar aparte), que precedió a un pequeño inpass tras el que atacaron la recta final con El palacio de la soledad y la balada Trenzas de arena.

Culminaron el concierto a golpe de clásicos, como no podía ser de otra forma. Los coreados Poeta nocturno, El enterrador y su cántico de despedida Oh, oh, oh fueron los reservados para el cierre, como ha venido siendo habitual en la gira de Las Campanas de La Vergüenza (2012)  (lee nuestra reseña en aquí), y dar por finalizada su particular ofrenda a los amantes de su música.

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